En el Gr.·. Temp.·. de la Gr.·. Log.·. de Chile, y ante las máximas autoridades de la masonería local, el pianista Roberto Bravo, ofrecerá un concierto con piezas de Piazzolla, Chopin y otros músicos clásicos.
Fuente: Agencia UPI
La actividad es organizada por la Log.·. Nueva Era N° 195, de la Gr.·. Log.·. de Chile y se realizará el domingo 18 de octubre, a las 18:00 en la sede de calle Marcoleta 659 en Santiago centro.
En la oportunidad el Gr.·. Maes.·. de la masonería, Juan José Oyarzún, entregará un reconocimiento al destacado pianista en atención a su trayectoria, vocación y entrega en el desarrollo de nuevos talentos.
Fundadores de Mariano Arista
domingo, 18 de octubre de 2009
jueves, 15 de octubre de 2009
145 aniversario de la llegada del presidente Benito Juárez a Chihuahua
Tomado de: http://www.eldigital.com.mx/html/33927_0_1_0_C.html
La Secretaría de Educación y Cultura llevó a cabo este día la ceremonia oficial conmemorativa del 145 aniversario de la llegada del presidente Benito Juárez a la ciudad de Chihuahua.
El arribo de Juárez, ocurrido el 12 de octubre de 1864, fue recordado con un acto cívico realizado en el patio central del Museo de la Lealtad Republicana, (antiguo Museo Casa de Juárez).
Previo a la representación de la llegada del presidente itinerante, debido a la invasión extranjera en ese tiempo, fue leído el manifiesto de Juárez redactado en la ciudad de Chihuahua, en donde fue instalado el Palacio Nacional en el inmueble que hoy ocupa el citado museo.
En este documento que data del 1 de enero de 1865, el presidente Juárez hace un llamado a los mexicanos para redoblar esfuerzos y desterrar a los usurpadores.
En el acto oficial se hizo una guardia de honor en memoria del “Benemérito de las Américas”, misma que fue encabezada por la secretaria de Educación y Cultura, acompañada de autoridades civiles y militares.
El discurso oficial estuvo a cargo de Juan Jesús Máynez Hernández, integrante de la Gr.·. Log.·. Cosmos A.C, quien expresó que como Juárez en su tiempo, los mexicanos debemos estar alertas para enfrentar las amenazas internas y externas en contra de nuestra nación.
Dijo que en buena parte de su historia, nuestro país ha padecido del acoso extranjero por sus riquezas naturales, su ubicación geográfica y su naturaleza pacifista.
El orador dijo que hoy, Juárez pediría a los mexicanos ser los mejores maestros de sus hijos y enseñarles valores en la práctica, no en la teoría; a los maestros, forjar hombres libres y de buena fe y a los jóvenes, a estudiar con dedicación.
En el evento se llevó a cabo también la representación de la llegada de Juárez y sus ministros, la cual estuvo a cargo de un grupo de actores, caracterizados como dichos personajes históricos.
Los colaboradores que acompañaban al presidente eran el Ministro de Guerra, Miguel Negrete; el Ministro de Economía José María Iglesias y el Ministro de Gobernación; Sebastián Lerdo de Tejada.
De igual forma se bailaron algunas piezas folklóricas y se interpretaron canciones de aquella época, como “La Paloma”, “Los Cangrejos” (con letra de Guillermo Prieto) y “Los Enanos”, en donde se destaca la figura de Juárez y se critica a los conservadores de aquella época.
También la joven Ana Lilia Rascón, ganadora de Tercer Certamen de Oratoria “Benito Juárez”, ofreció a los asistentes el discurso con el que ganó este concurso, sobre “El ideario político del presidente Benito Juárez”.
domingo, 11 de octubre de 2009
Deísmo y Teísmo para el Masón
Tomado de un Tr.·. de Arq.·. de la Resp.·. Log.·. Sim.·. "Cibeles" 131
Desde sus primeros momentos de existencia en los albores del siglo XVIII, la Masonería Especulativa, como continuadora de la Masonería Operativa, de la que es hija y heredera legítima, fijó una serie de principios o reglas de obligado cumplimiento para cuantos quieran ser considerados masones, o para las Obediencias Masónicas si nos referimos a ámbitos institucionales. Es decir, cuanto queda dentro de dichos principios, reglas o Landmarks –límites– es Masonería, lo que queda fuera no lo es, o al menos no lo es stricto sensu.
Cierto que uno de los problemas con los que se enfrenta la Masonería Especulativa o moderna, es la falta de definición a la hora de fijar cuales son esos Landmarks. Esto es así porque cada Gran Logia, acogiéndose y cumpliendo con unas reglas esenciales, acordadas, aceptadas y asumidas por todas las Grandes Logia Regulares del mundo, es decir, por todas las Grandes Logias nacidas de aquel primer tronco común que fue la Masonería Operativa, son libres y se consideran entre sí soberanas a la hora de fijar los Landmarks de obligado cumplimiento para los miembros de cada una de ellas. Estando todas las Grandes Logias o Grandes Orientes –Obediencias Masónicas– unidas por la legitimidad –regularidad– de su origen, por el mutuo reconocimiento y, "doctrinalmente", por un mínimo común denominador.
Está libertad "doctrinal" no es sino la expresión del adogmatismo de la Masonería y de la independencia de unas Grandes Logias al respecto de las otras. Sirve decir que las Grandes Logias, o los Grandes Orientes, son de ámbito nacional con la excepción de los países organizados federalmente, donde suelen ser de ámbito estatal; y cada una de ellas es soberana en el territorio de su jurisdicción.
Incuestionablemente la Masonería Operativa tenía en sí misma un gran componente religioso –cristiano– que la Masonería Especulativa ha conservado como propio, si bien dejando a los masones en plena libertad en cuanto a materia de fe, de acuerdo con la Constituciones de Anderson (1717). De ese contesto sacro nace una de las normas de obligatorio cumplimiento para todo masón, para toda Logia y por ampliación para toda Obediencia Masónica –Gran Logia o Gran Oriente–; a partir de dicha obligación el masón se reúne en Logia y trabaja siempre a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo –A L.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.·.–, concepto que debe de ser examinado en su evolución a través de los siglos.
Mas para poder ir adelante sin dejar lugar a la confusión de conceptos, se hace imprescindible definir los dos considerados como fundamentales a los efectos que nos interesan: Deísmo y Teísmo.
El deísmo es una representación mental, que reconoce la existencia de una potencia superior, denominada generalmente Dios y que los francmasones llaman Gran Arquitecto del Universo. Es una creencia basada en la razón, pero que rechaza toda revelación y, por tanto, todo dogma, pero que observa la religión natural. En una palabra, el deísmo cree en una entidad superior incognoscible e indefinible.
El teísmo, por el contrario, es la creencia en un sólo Dios personal y trascendente, y en su voluntad revelada. Es el Dios creador del universo y del hombre, que rige a ambos pues está imanente en toda su creación.
Por eso, el deísta admite que su razón puede concebir la existencia de una potencia suprahumana, de un Absoluto, de un Principio, rechazando el analizar las características que escapan a las facultades humanas; en una palabra, a definir esta entidad, mientras que el teísta se considera capaz de estudiarlo y de dogmatizar.
Hecha esta puntualización, es evidente que el problema esencial e indiscutible para el francmasón escocista, es la creencia en el G.·. A.·. D.·. U.·., a la Gloria del cual trabaja. Punto primordial del edificio iniciático, es, en efecto, invocado al comienzo y al final de los trabajos en todos los grados, dando así a los masones escoceses el sentimiento de participar en ceremonias sagradas, situándose más allá de la humano, y eso los ayuda a buscar y a encontrar la plenitud del sentido de la vida.
Es evidente que, así concebido, el significado del G.·. A.·. D.·. U.·. debería, en principio, ser admitido tanto por los teístas como por los deístas.
Las Constituciones de 1723, cuya redacción se debió esencialmente a los Pastores Anderson y Desaguiliers, y las cuales constituyen la carta universalmente reconocida en la Masonería especulativa, puntualizan en su artículo 1º. :
"Un masón tiene la obligación de obedecer la ley moral y, si entiende bien el Arte (Real), no será jamás un ateo estúpido ni un libertino irreligioso".
En la línea del espíritu que caracteriza al Escocismo, designa a Dios, señalado por Anderson por su concepto fundamental: el Gran Arquitecto del Universo. Este concepto es evocador de un Principio de Orden regulador del mundo manifestado. Según la Tradición, constituye la clave del Rito que trabaja para glorificarle, lo que significa que el Escocismo rinde un homenaje de respeto y de admiración al G.·. A.·. D.·. U.·., sin jamás tratar de definirlo.
Sin embargo, la aprensión de este concepto despierta de la consciencia de cada masón escocés, siendo admitido que la práctica escrupulosa de los rituales, el estudio del simbolismo y el trabajo personal son los únicos medios de acceso al contenido iniciático de la Orden.
Para el masón escocista, el G.·. A.·. D.·. U.·. es el Principio Creador, dinámico por excelencia, organizador del Universo. Pero ningún dogma le está relacionado. Es posible concebirlo como la ley que rige la materia, donde los hombres no pueden percibir nada más que las manifestaciones sensibles; en este caso, el Universo visible, donde él es el Principio conductor y conservador, es la Divinidad en estado de manifestación.
Se puede entender como el organizador, el ordenador, el geómetra, la fuerza ordenatriz que lucha contra el caos y lo sustituye por la armonía, es decir, como un principio generador de orden.
Se le puede admitir también como un Dios creador, principio de la existencia. Este puede ser el Dios de los filósofos del siglo XVIII, también como el Dios de las religiones reveladas. Justifica siempre la lucha del hombre contra la materia, el azar o el destino.
El símbolo del G.·. A.·. D.·. U.·. no está unido a ninguna creencia, expresa, por consiguiente, la fe del masón escocista en la total libertad de conciencia. Se sitúa de una forma natural en el cuadro de la iniciación sobre un plano ideal trascendiendo al caos, exaltando los valores espirituales más altos, dando el gusto por lo sagrado y conduciendo el viaje hacia lo invisible.
"Dios toma toda la masa de cosas visibles que no estaban en reposo, se movían sin regla y sin orden, y las hace pasar del desorden al orden, estimando que el orden es superior a todos los conceptos".
Es igualmente la Divinidad de la que habla Voltaire en sus Diálogos Filosóficos:
"Este Arquitecto del Universo, si es visible a nuestro espíritu y al mismo tiempo incomprensible, ¿cuál es su morada? ¿desde qué cielo, desde que morada envía él sus eternos decretos a toda naturaleza?. Yo no sé ni entiendo nada, pero sé que toda la naturaleza le obedece".
Es también el Dios evocado por Descartes en todas sus Meditaciones:
"Se encuentra en Dios una infinidad de cosas que no puede comprender ni entender, pues su naturaleza es infinita y la mía está cerrada y limitada, por lo que no puedo comprenderla".
En fin, en Emilie, Jean Jacques Rousseau, expresaba:
"La idea de creación me confunde y rebasa mi entendimiento".
Para el masón escocista, el G.·. A.·. D.·. U.·. no es, pues, necesariamente una persona divina donde la voluntad revelada será visible en la Logia y se explicaría de una vez para siempre por el texto inmutable de una Ley escrita. Es un principio superior que no exige ningún credo que lo personalice y defina.
En el Convento universal de los Supremos Consejos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado de Lausana, los Supremos Consejos adoptaron el 22 de septiembre de 1875 diversos textos a este respecto que nos parece oportuno recordar.
En un documento titulado Definiciones, se precisa:
"La Francmasonería tiene por doctrina el reconocimiento de una Fuerza Superior donde proclama su existencia bajo el nombre de G.·. A.·. D.·. U.·.".
En la Declaración de Principios, se ha dicho:
"La Francmasonería proclama la existencia de un Principio Creador bajo el nombre de G.·. A.·. D.·. U.·.".
Por fin en el Manifiesto, declara:"
Para revelar al hombre a sus propios ojos, para hacerlo digno de su misión sobre la tierra, la Masonería sitúa el principio que el Creador Supremo ha dado al hombre como bien más preciado, la Libertad; patrimonio de la humanidad entera, don que ningún poder tiene el derecho de suprimir o coartar y que es la fuente de sentimientos de honor y de dignidad".
La divisa de los Supremos Consejos: "Deus Meumque Jus" (Dios y mi Derecho), muestra la relación reconocida por el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, entre Dios y el Hombre; este último, sin querer imponer, en su calidad de masón, ninguna otra vía que la elegida por su consciencia.
La posición oficial del Escocismo, está pues perfectamente definida. No ha variado jamás, ofreciendo una concepción del G.·. A.·. D.·. U.·. a la vez más amplia y más restringida que la del Dios de las diferentes religiones.
En relación con el Volumen de la Ley Sagrada, la actitud del Escocismo es igualmente clara. Este libro es la primera de las tres Grandes Luces del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, no sólo como expresión de la voluntad revelada de Dios, sino como puro símbolo de la más alta espiritualidad humana.
Este es el mayor testimonio de la capacidad del Rito Escocés Antiguo y Aceptado de practicar una verdadera tolerancia activa, también en el dominio metafísico. Es un verdadero regreso a las fuentes, es el fundamento de la Regularidad de los masones escocistas.
Para concluir, es oportuno, a mi parecer, recordar la recomendación del Manifiesto del Convento de Lausana de 1875 así concebido:
"A los hombres para los que la religión es la consolidación suprema, la Masonería les dice: Cultivad sin obstáculo vuestra religión, seguid las aspiraciones de vuestra consciencia; la francmasonería no es una religión, no tiene un culto; su doctrina se encierra completamente en esta bella prescripción: Ama a tu prójimo".
En este espíritu, los masones pueden continuar, sin restricciones, trabajando A L.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.·.
Desde sus primeros momentos de existencia en los albores del siglo XVIII, la Masonería Especulativa, como continuadora de la Masonería Operativa, de la que es hija y heredera legítima, fijó una serie de principios o reglas de obligado cumplimiento para cuantos quieran ser considerados masones, o para las Obediencias Masónicas si nos referimos a ámbitos institucionales. Es decir, cuanto queda dentro de dichos principios, reglas o Landmarks –límites– es Masonería, lo que queda fuera no lo es, o al menos no lo es stricto sensu.
Cierto que uno de los problemas con los que se enfrenta la Masonería Especulativa o moderna, es la falta de definición a la hora de fijar cuales son esos Landmarks. Esto es así porque cada Gran Logia, acogiéndose y cumpliendo con unas reglas esenciales, acordadas, aceptadas y asumidas por todas las Grandes Logia Regulares del mundo, es decir, por todas las Grandes Logias nacidas de aquel primer tronco común que fue la Masonería Operativa, son libres y se consideran entre sí soberanas a la hora de fijar los Landmarks de obligado cumplimiento para los miembros de cada una de ellas. Estando todas las Grandes Logias o Grandes Orientes –Obediencias Masónicas– unidas por la legitimidad –regularidad– de su origen, por el mutuo reconocimiento y, "doctrinalmente", por un mínimo común denominador.
Está libertad "doctrinal" no es sino la expresión del adogmatismo de la Masonería y de la independencia de unas Grandes Logias al respecto de las otras. Sirve decir que las Grandes Logias, o los Grandes Orientes, son de ámbito nacional con la excepción de los países organizados federalmente, donde suelen ser de ámbito estatal; y cada una de ellas es soberana en el territorio de su jurisdicción.
Incuestionablemente la Masonería Operativa tenía en sí misma un gran componente religioso –cristiano– que la Masonería Especulativa ha conservado como propio, si bien dejando a los masones en plena libertad en cuanto a materia de fe, de acuerdo con la Constituciones de Anderson (1717). De ese contesto sacro nace una de las normas de obligatorio cumplimiento para todo masón, para toda Logia y por ampliación para toda Obediencia Masónica –Gran Logia o Gran Oriente–; a partir de dicha obligación el masón se reúne en Logia y trabaja siempre a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo –A L.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.·.–, concepto que debe de ser examinado en su evolución a través de los siglos.
Mas para poder ir adelante sin dejar lugar a la confusión de conceptos, se hace imprescindible definir los dos considerados como fundamentales a los efectos que nos interesan: Deísmo y Teísmo.
El deísmo es una representación mental, que reconoce la existencia de una potencia superior, denominada generalmente Dios y que los francmasones llaman Gran Arquitecto del Universo. Es una creencia basada en la razón, pero que rechaza toda revelación y, por tanto, todo dogma, pero que observa la religión natural. En una palabra, el deísmo cree en una entidad superior incognoscible e indefinible.
El teísmo, por el contrario, es la creencia en un sólo Dios personal y trascendente, y en su voluntad revelada. Es el Dios creador del universo y del hombre, que rige a ambos pues está imanente en toda su creación.
Por eso, el deísta admite que su razón puede concebir la existencia de una potencia suprahumana, de un Absoluto, de un Principio, rechazando el analizar las características que escapan a las facultades humanas; en una palabra, a definir esta entidad, mientras que el teísta se considera capaz de estudiarlo y de dogmatizar.
Hecha esta puntualización, es evidente que el problema esencial e indiscutible para el francmasón escocista, es la creencia en el G.·. A.·. D.·. U.·., a la Gloria del cual trabaja. Punto primordial del edificio iniciático, es, en efecto, invocado al comienzo y al final de los trabajos en todos los grados, dando así a los masones escoceses el sentimiento de participar en ceremonias sagradas, situándose más allá de la humano, y eso los ayuda a buscar y a encontrar la plenitud del sentido de la vida.
Es evidente que, así concebido, el significado del G.·. A.·. D.·. U.·. debería, en principio, ser admitido tanto por los teístas como por los deístas.
Las Constituciones de 1723, cuya redacción se debió esencialmente a los Pastores Anderson y Desaguiliers, y las cuales constituyen la carta universalmente reconocida en la Masonería especulativa, puntualizan en su artículo 1º. :
"Un masón tiene la obligación de obedecer la ley moral y, si entiende bien el Arte (Real), no será jamás un ateo estúpido ni un libertino irreligioso".
En la línea del espíritu que caracteriza al Escocismo, designa a Dios, señalado por Anderson por su concepto fundamental: el Gran Arquitecto del Universo. Este concepto es evocador de un Principio de Orden regulador del mundo manifestado. Según la Tradición, constituye la clave del Rito que trabaja para glorificarle, lo que significa que el Escocismo rinde un homenaje de respeto y de admiración al G.·. A.·. D.·. U.·., sin jamás tratar de definirlo.
Sin embargo, la aprensión de este concepto despierta de la consciencia de cada masón escocés, siendo admitido que la práctica escrupulosa de los rituales, el estudio del simbolismo y el trabajo personal son los únicos medios de acceso al contenido iniciático de la Orden.
Para el masón escocista, el G.·. A.·. D.·. U.·. es el Principio Creador, dinámico por excelencia, organizador del Universo. Pero ningún dogma le está relacionado. Es posible concebirlo como la ley que rige la materia, donde los hombres no pueden percibir nada más que las manifestaciones sensibles; en este caso, el Universo visible, donde él es el Principio conductor y conservador, es la Divinidad en estado de manifestación.
Se puede entender como el organizador, el ordenador, el geómetra, la fuerza ordenatriz que lucha contra el caos y lo sustituye por la armonía, es decir, como un principio generador de orden.
Se le puede admitir también como un Dios creador, principio de la existencia. Este puede ser el Dios de los filósofos del siglo XVIII, también como el Dios de las religiones reveladas. Justifica siempre la lucha del hombre contra la materia, el azar o el destino.
El símbolo del G.·. A.·. D.·. U.·. no está unido a ninguna creencia, expresa, por consiguiente, la fe del masón escocista en la total libertad de conciencia. Se sitúa de una forma natural en el cuadro de la iniciación sobre un plano ideal trascendiendo al caos, exaltando los valores espirituales más altos, dando el gusto por lo sagrado y conduciendo el viaje hacia lo invisible.
"Dios toma toda la masa de cosas visibles que no estaban en reposo, se movían sin regla y sin orden, y las hace pasar del desorden al orden, estimando que el orden es superior a todos los conceptos".
Es igualmente la Divinidad de la que habla Voltaire en sus Diálogos Filosóficos:
"Este Arquitecto del Universo, si es visible a nuestro espíritu y al mismo tiempo incomprensible, ¿cuál es su morada? ¿desde qué cielo, desde que morada envía él sus eternos decretos a toda naturaleza?. Yo no sé ni entiendo nada, pero sé que toda la naturaleza le obedece".
Es también el Dios evocado por Descartes en todas sus Meditaciones:
"Se encuentra en Dios una infinidad de cosas que no puede comprender ni entender, pues su naturaleza es infinita y la mía está cerrada y limitada, por lo que no puedo comprenderla".
En fin, en Emilie, Jean Jacques Rousseau, expresaba:
"La idea de creación me confunde y rebasa mi entendimiento".
Para el masón escocista, el G.·. A.·. D.·. U.·. no es, pues, necesariamente una persona divina donde la voluntad revelada será visible en la Logia y se explicaría de una vez para siempre por el texto inmutable de una Ley escrita. Es un principio superior que no exige ningún credo que lo personalice y defina.
En el Convento universal de los Supremos Consejos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado de Lausana, los Supremos Consejos adoptaron el 22 de septiembre de 1875 diversos textos a este respecto que nos parece oportuno recordar.
En un documento titulado Definiciones, se precisa:
"La Francmasonería tiene por doctrina el reconocimiento de una Fuerza Superior donde proclama su existencia bajo el nombre de G.·. A.·. D.·. U.·.".
En la Declaración de Principios, se ha dicho:
"La Francmasonería proclama la existencia de un Principio Creador bajo el nombre de G.·. A.·. D.·. U.·.".
Por fin en el Manifiesto, declara:"
Para revelar al hombre a sus propios ojos, para hacerlo digno de su misión sobre la tierra, la Masonería sitúa el principio que el Creador Supremo ha dado al hombre como bien más preciado, la Libertad; patrimonio de la humanidad entera, don que ningún poder tiene el derecho de suprimir o coartar y que es la fuente de sentimientos de honor y de dignidad".
La divisa de los Supremos Consejos: "Deus Meumque Jus" (Dios y mi Derecho), muestra la relación reconocida por el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, entre Dios y el Hombre; este último, sin querer imponer, en su calidad de masón, ninguna otra vía que la elegida por su consciencia.
La posición oficial del Escocismo, está pues perfectamente definida. No ha variado jamás, ofreciendo una concepción del G.·. A.·. D.·. U.·. a la vez más amplia y más restringida que la del Dios de las diferentes religiones.
En relación con el Volumen de la Ley Sagrada, la actitud del Escocismo es igualmente clara. Este libro es la primera de las tres Grandes Luces del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, no sólo como expresión de la voluntad revelada de Dios, sino como puro símbolo de la más alta espiritualidad humana.
Este es el mayor testimonio de la capacidad del Rito Escocés Antiguo y Aceptado de practicar una verdadera tolerancia activa, también en el dominio metafísico. Es un verdadero regreso a las fuentes, es el fundamento de la Regularidad de los masones escocistas.
Para concluir, es oportuno, a mi parecer, recordar la recomendación del Manifiesto del Convento de Lausana de 1875 así concebido:
"A los hombres para los que la religión es la consolidación suprema, la Masonería les dice: Cultivad sin obstáculo vuestra religión, seguid las aspiraciones de vuestra consciencia; la francmasonería no es una religión, no tiene un culto; su doctrina se encierra completamente en esta bella prescripción: Ama a tu prójimo".
En este espíritu, los masones pueden continuar, sin restricciones, trabajando A L.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.·.
jueves, 8 de octubre de 2009
Nueva Imagen de la Agencia de Prensa Masonica de Rumania
viernes, 2 de octubre de 2009
2 de Octubre de 1968
A.·. L.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.·.M.·. Resp.·. Gr.·. Log.·. Sob.·. de Baja California de AA.·. LL.·. y AA.·. MM.·.
Misión de San Diego No. 5 Zona del Río,
Tijuana, Baja California, México 22,000
soberanadebc@gmail.com
In memoriam
Gran Plancha 055-2009
A todas las GGr.·. LLog.·. del Mundo
A todas las Potencias Masónicas de todos los ritos, antiguos y modernos
A todos los MMas.·. de buena voluntad que la presente vieren
SABED:
Que la Gr.·. Log.·. Soberana de Baja California, de AA.·. LL.·. y AA.·. MM.·., ante la evidencia de que los medios de comunicación muestran una tendencia cada vez más marcada hacia la amnesia ante una fecha que marcó un verdadero parteaguas en la Historia de la nación mexicana, 'olvido' que bien pudiera ser interesado y no totalmente gratuito dada la realidad pendular de la política profana, exhorta a todos los MMas.·. de nuestra patria, que sean de buena voluntad y que aún mantengan en alto los valores que nos infundieran nuestros insignes maestros batalladores en los viejos Talleres de Ayer, en especial a todos los MMas.·. que continúan sosteniendo un pensamiento liberal, franco, abierto, laicista y de avanzada, para que, cada quien, en la intimidad de su fuero interno, o por todos los medios de difusión a su alcance, recordemos esta fecha que no debiera borrarse jamás de la memoria histórica de los mexicanos.
El 2 de Octubre de 1968, se cerraron las pinzas de la represión sobre una multitud de jóvenes románticos que deseaban un cambio en el mundo y en la nación en que les tocó nacer, y con la Tragedia de Tlatelolco, con su sacrificio, dejaron en evidencia la incapacidad de un régimen inflexible, autoritario, vertical, centralista hasta el abuso, para resolver -mediante el diálogo- los justos reclamos de una sociedad que por primera vez se manifestaba, a través de un Movimiento Estudiantil que se fue convirtiendo en una inmensa ola de protesta social, que en el fondo reclamaba nuevos métodos de convivencia y de relación con su gobierno -todos más democráticos- como alternativa para una mejor convivencia entre los mexicanos. Lo que hubiese podido quedar como una simple anécdota, si no hubiera habido una autoridad tan ciega, lo que podría haberse con la renuncia de uno o dos de los -por entonces- intocables mandos policiacos, pero se dejó crecer la trifulca, gracias al triste autoritarismo de la época y culminó con la inmolación de incontables vidas estudiantiles, de las que aun no existen cifras confiables, verdadero crimen de lesa humanidad que, hasta la fecha, sigue impune, constituyendo una herida pendiente de cicatrizar en las páginas de la Historia de nuestra nación. Las logias no quedaron exentas del pago doloroso de esta triste experiencia.
Muchos de los avances democráticos logrados en la segunda mitad del siglo XX y lo que va del actual, pueden muy bien remontarse a esta romántica y juvenil lucha que culminó en tragedia. Ingratos serán aquéllos que, alzados en los puestos de mando de la actividad pública, gracias a la sangre derramada, olviden hoy lo que esta fecha significa. Para los que vivimos esa amarga experiencia, como parte de esa generación, existe un doble compromiso: con la Justicia y con la Historia.
Los Masones, todos -o al menos los que permanezcamos en el lado progresista de la Orden- estamos obligados a hacer algo concreto, para lograr los cambios y mejoras democráticas que el país exige, e impedir con ello, que todo este sacrificio hecho en los albores de la segunda mitad del siglo XX, se pierda en la marisma de la retrogradación. Recordemos que una sola acción vale más que mil palabras. Por lo menos, compartamos nuestros recuerdos con nuestros hijos o nietos.
OREMUS-OREMUS-OREMUS
Dado, firmado y sellado en el gabinete de trabajo del Muy Resp.·. Gr.·. Maes.·.
2 de octubre del 2009
SALUD-FUERZA-UNIÓN
"JVS ET NORMA"
(Rúbrica)
ROGELIO AMARAL BARRAGÁN
Muy Resp.·. Gr.·. Maes.·.
lunes, 28 de septiembre de 2009
Asociacion de Jovenes Esperanza de la Fraternidad (AJEF)
Tomado de: Wikipedia.

Es hasta la década de los cuarenta cuando cobra importancia el Ajefismo en México, la Confederación de Grandes Logias Regulares de los Estados Unidos Mexicanos aprueba la existencia de Talleres Juveniles, comisionándose a la Gran Logia "Valle de México" para hacer las adaptaciones necesarias a la Constitución y Liturgias, inspirados en las teorías pedagógicas de la época, dando así un carácter científico a la institución.

AJEF son las iniciales de "Asociación de Jóvenes Esperanza de la Fraternidad".
El Ajefismo es la institución paramasónica mixta juvenil del Rito Escocés Antiguo y Aceptado en América Latina.
Nacido en Cuba en 1936, actualmente está ampliamente difundido en la República mexicana. Gracias al intercambio deportivo que existía entonces entre México y Cuba, fue posible que el Ajefismo llegara a al país.
La enorme influencia del más famoso pelotero cubano de su tiempo, Martín Dihígo, sobre los jóvenes, contribuyó a la formación de la primera logia AJEF en la República Mexicana, establecida en el puerto de Veracruz, en el año de 1939, denominándose logia AJEF "Benito Juárez", y que todavía existe. Martín Dihígo promovió la formación de logias AJEF en los Estados de Campeche, Chiapas y Tabasco.
Es hasta la década de los cuarenta cuando cobra importancia el Ajefismo en México, la Confederación de Grandes Logias Regulares de los Estados Unidos Mexicanos aprueba la existencia de Talleres Juveniles, comisionándose a la Gran Logia "Valle de México" para hacer las adaptaciones necesarias a la Constitución y Liturgias, inspirados en las teorías pedagógicas de la época, dando así un carácter científico a la institución.
A partir de entonces, las grandes logias de la República promueven en sus Estados la creación de este semillero de hombres y mujeres que habrán de renovar los cuadros masónicos. Hoy en día, buena parte de quienes se inician masones en la República mexicana provienen de las canteras del Ajefismo.
Consumación de la Independencia de México
Tomado de: Wikipedia.
La consumación de la Independencia de México tuvo lugar el 27 de septiembre de 1821, aunque se venía gestando desde mucho tiempo atrás.
En 1820 el coronel español Rafael del Riego se levantó en armas para obligar a Fernando VII a jurar la Constitución de Cádiz, suprimida por el rey en 1814.
En la Nueva España los clérigos y acaudalados vieron en la Carta Magna, jurada en Veracruz el 26 de mayo de 1820, un obstáculo para sus privilegios, así que decidieron promover la independencia. Un grupo de prominentes aristócratas dirigidos por Matías de Monteagudo se reunían en juntas secretas conocidas como Conspiración de la Profesa, por llamarse así el templo.
Con la anuencia del virrey Juan Ruiz de Apodaca, los conspirados consiguieron que Agustín de Iturbide fuera nombrado general en jefe del Ejército del Sur, con el encargo de acabar con Vicente Guerrero y Pedro Ascencio.
Guerrero era el único jefe insurgente que realmente permanecía activo desde la muerte de Francisco Javier Mina en 1817. Intentó convencer a los jefes realistas José Gabriel de Armijo y Carlos Moya para formar un ejército libertador que depusiera a Apodaca para en su lugar nombrar a un virrey conciliador con el que fuera posible consumar la independencia, pero ambos se negaron.
Iturbide relegó a Armijo en noviembre de 1820 y luego de varias derrotas comprendió que por la vía de las armas sería imposible vencer a Guerrero, por lo que le planteó la idea de unir fuerzas para establecer una nación independiente encabezada por Fernando VII u otro miembro de la realeza europea. El pacto entre ambos jefes se llevó a cabo el 10 de marzo de 1821 con el evento conocido como Abrazo de Acatempan. El 24 de febrero de ese año Iturbide dio a conocer el Plan de Iguala, con el que constituía el Ejército Trigarante, cuyas garantías eran independencia, religión y unión.
Durante poco más de seis meses el Ejército Trigarante recorrió el virreinato promoviendo sus ideales. Entre las escasas acciones bélicas de ese periodo se encuentran la toma de Oaxaca, el 20 de julio de 1821 a manos de Antonio León, y la última batalla de la guerra, librada en Azcapotzalco. Iturbide dividió el país en zonas militares: la centro occidental, dirigida por Guerrero, Anastasio Bustamante y Pedro Celestino Negrete; la oriental, comandada por Nicolás Bravo y Antonio López de Santa Anna y la sur, bajo el mando de Antonio León.
Apodaca fue depuesto por los militares de la Ciudad de México, quienes en su lugar nombraron a Francisco Novella. Las Cortes en España también decidieron remover a Apodaca, pero su sustituto designado fue el masón liberal Juan O'Donojú, con quien Iturbide pudo llegar a un acuerdo con los Tratados de Córdoba.
Finalmente, el 27 de septiembre de 1821 el Ejército Trigarante entró a la ciudad de México, después de 11 años y 11 días de lucha y más de tres siglos de dominio español.
La consumación de la Independencia de México tuvo lugar el 27 de septiembre de 1821, aunque se venía gestando desde mucho tiempo atrás.
En 1820 el coronel español Rafael del Riego se levantó en armas para obligar a Fernando VII a jurar la Constitución de Cádiz, suprimida por el rey en 1814.
En la Nueva España los clérigos y acaudalados vieron en la Carta Magna, jurada en Veracruz el 26 de mayo de 1820, un obstáculo para sus privilegios, así que decidieron promover la independencia. Un grupo de prominentes aristócratas dirigidos por Matías de Monteagudo se reunían en juntas secretas conocidas como Conspiración de la Profesa, por llamarse así el templo.
Con la anuencia del virrey Juan Ruiz de Apodaca, los conspirados consiguieron que Agustín de Iturbide fuera nombrado general en jefe del Ejército del Sur, con el encargo de acabar con Vicente Guerrero y Pedro Ascencio.
Guerrero era el único jefe insurgente que realmente permanecía activo desde la muerte de Francisco Javier Mina en 1817. Intentó convencer a los jefes realistas José Gabriel de Armijo y Carlos Moya para formar un ejército libertador que depusiera a Apodaca para en su lugar nombrar a un virrey conciliador con el que fuera posible consumar la independencia, pero ambos se negaron.
Iturbide relegó a Armijo en noviembre de 1820 y luego de varias derrotas comprendió que por la vía de las armas sería imposible vencer a Guerrero, por lo que le planteó la idea de unir fuerzas para establecer una nación independiente encabezada por Fernando VII u otro miembro de la realeza europea. El pacto entre ambos jefes se llevó a cabo el 10 de marzo de 1821 con el evento conocido como Abrazo de Acatempan. El 24 de febrero de ese año Iturbide dio a conocer el Plan de Iguala, con el que constituía el Ejército Trigarante, cuyas garantías eran independencia, religión y unión.
Durante poco más de seis meses el Ejército Trigarante recorrió el virreinato promoviendo sus ideales. Entre las escasas acciones bélicas de ese periodo se encuentran la toma de Oaxaca, el 20 de julio de 1821 a manos de Antonio León, y la última batalla de la guerra, librada en Azcapotzalco. Iturbide dividió el país en zonas militares: la centro occidental, dirigida por Guerrero, Anastasio Bustamante y Pedro Celestino Negrete; la oriental, comandada por Nicolás Bravo y Antonio López de Santa Anna y la sur, bajo el mando de Antonio León.
Apodaca fue depuesto por los militares de la Ciudad de México, quienes en su lugar nombraron a Francisco Novella. Las Cortes en España también decidieron remover a Apodaca, pero su sustituto designado fue el masón liberal Juan O'Donojú, con quien Iturbide pudo llegar a un acuerdo con los Tratados de Córdoba.
Finalmente, el 27 de septiembre de 1821 el Ejército Trigarante entró a la ciudad de México, después de 11 años y 11 días de lucha y más de tres siglos de dominio español.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)